Ramón Gómez de la Serna
El negro condenado a muerte
Aquel negro había tenido la avilantez de amar a una blanca y eso, en la pulcra yanquilandia, no se perdona.
Los jueces, que …
Traspaso de los sueños
De pronto dejó de tener pesadillas y se sintió aliviado, pues habían llegado ya a ser una proyección obsedante …
La cleptómana de cucharillas
Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.
Es esa una cleptomanía co…
Aquella muerta
Aquella muerta me dijo:
-¿No me conoces?... Pues me debías conocer... Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.
Los senos de verdadero Sévres
En casa del anticuario apareció la fina mujer, cuya cintura se cimbreaba en la luz.
—¿Qué desea? ¿Me trae alg&u…
Verdadera falsa muerte de Calígula
Calígula quizá no murió así, pero debió morir así.
El bárbaro tetrarca -por ser tres veces …
El que se los comió
Parece que ha habido un hombre de instintos temerarios que se ha comido unos senos de mujer, como se comen unas naranjas sin mondarlas ni re…
Sabe a mariposa
LLegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo, dijo sin dubitación alguna…
Aparición del tritón
La bella joven se reía tanto después del baño a la orilla del mar, que como la risa es la mayor provocadora de la curi…