Romance
Cartas de amor
Mi Ramiro:
Ya hace mucho tiempo que dura nuestro enojo, y eso no puede ser. Tú te has encaprichado en que sea yo la primera en escrib…
Un viejo verde
Oíd un cuento... ¿Que no le queréis naturalista? ¡Oh, no! será idealista, imposible... romántico.
*…
Romance satírico
Pues me hacéis casamentero,
Ángela de Mondragón,
escuchad de vuestro esposo
las gra…
Pinceladas
Las llamas del hogar ascendían en busca de libertad, abrigando con su cálido resplandor la soledad del salón en penumbr…
La madre
El sol cae con fuerza sobre la ciudad
Es verano. La gente camina por la calle principal sin prisa, deteniéndose en los escapara…
El amor y la muerte
Con gran frecuencia ocurren los llamados crímenes de amor.
Relatan los periódicos casi a diario sucesos dramáti…
El amor
El amor, a qué huele? Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas to…
Amor y venganza
IV
Los piratas huyeron.
Cuando el sol bañó con sus dorados rayos el horizonte, más de un cuadro de dolor vino a ilumin…
Cuentos de amor
Conjunto de cuentos breves de la gran escritora e intelectual española: Doña Emilia Pardo Bazán, leídos por volu…
Una mala mujer
Como se había dejado abordar en seguida y era muy joven, ella creyó útil contarle su historia.
—Yo soy hija de un mili…
El tapiz
El viejo poeta dejó caer la fragante cartita de su desconocida admiradora lejana, indicando un gesto de melancolía. «Me …
La vestal
El penitente habló así:
«Su padre le había dado este nombre. Era una mujer de treinta y cinco a&nti…
Palomas blancas y garzas morenas
-Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba …
Despedida
(Confesiones de amor)
Te estás yendo, te vas y yo que sin ti me pierdo…
No te alejes siquiera este instante.
Sigue mi…
Más allá
Yo estaba desesperada -dijo la voz-. Mis padres se oponían rotundamente a que tuviera amores con él, y habían llegado a…
Espérame
En busca de luz para mis cansados ojos, fui un verano a Deva, a tomar los baños de su agitado mar, y entre los bañistas conoc…
Dejar a Matilde
Un amigo mío camionero ha escrito en el cristal del parabrisas: “Mujeres y motores, alegrías y dolores”. No digo yo que no ten…
La cita
Con el sombrero en la cabeza, el abrigo puesto, un velo negro sobre la nariz, otro en el bolsillo con el cual cubriría el primero cua…
La promesa
Mateo de Zalbidea y Pérez era un hombre como los demás, y no es poco ser.
Digo que este Mateo se había enamorado a los…
El cornudo
Calleja penumbrosa, escalera silente, dueña discreta con un manojo de llaves a la cintura; silencio amable en un hostal del placer …