Crítica Literaria
Elizabide el Vagabundo
Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volv…
La flor de la salud
No lo dude usted -declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular de la abierta mano izquierda. - He…
La escalera
—¿Sabes quién ha vuelto de París?—me preguntó ayer un amigo.
—¡Qué he de saber, hombre! Vamos, dim…
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, qu…
La corrección
A las cinco, la corneta de la cárcel lanzaba en el patio su escandalosa diana, compuesta de sonidos discordantes y chillones, que re…
Carta que se encontró a un ahogado
¿Me pregunta usted, señora, si me burlo? ¿No puede usted creer que un hombre no haya sentido jamás amor? Pues bi…
El remanso
La estancia El Remanso quedaba a cuatro horas de tren, en el oeste de Buenos Aires. Era un campo tan llano que el horizonte subía so…
Con pasión
Hasta después de su pubertad, nadie advirtió la pasión que la dominaba: el deseo de inspirar compasión. Y ese d…
El hacha mística
Era lo que se llama un investigador. Buscaba el misterio de la vida, que lo es de la muerte, ya que ese misterio no es sino la linde misma …
Vida nueva
La señora Manolita, vecina insigne de un pueblo andaluz, había muerto de ochenta y siete años, única enfermedad …
El discípulo
De raso negro, bordeada de armiño y con gruesos alamares de plata y de ébano, la gorra de Andrés Salaino es la má…
Dos vidas
Guillermo y Antonio se encontraron, a los diez y nueve y diez y ocho años, respectivamente, huérfanos de padre y madre y con…
El fabricante de honradez
IX
Conforme había previsto Mirahonda, tocáronse luego las tristes consecuencias de la imprudente contrasugestión.…
Maravillas de la voluntad
A las tres en punto don Pedro llegaba nuestra mesa, saludaba a cada uno de los concurrentes, pronunciaba para sí unas frases indesci…
Los suicidios
Leía hace pocas noches, en la gacetilla arlequinesca de nn periódico, la noticia de un suicidio recientemente acaecido. El p&a…
El cuerpo y el alma
Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
M&aacu…
En busca de cuadros
Sin pinceles, sin paleta, sin papel, sin lápiz, Ricardo, poeta lírico incorregible, huyendo de las agitaciones y turbulencias,…
El ramo azul
Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de ala…
El doctor Pértinax
Era la hora de las burras de leche. San Pedro frotaba con un paño el aldabón de la puerta del cielo y lo dejaba reluciente com…
Un adulterio
Cuando el tísico llegó malhumorado a su vivienda mandó llamar al intendente.
Después de contarle su aventura le…