Audiolibros LibriVox
El sermón de las tres horas
— ¿Pedimos otra ronda, compare?
—iCompare, que la vasté a cogé!
—¿Pero es que se me nota que he bebió? …
Joselito el valiente
Durante aquellos días de revolución, el Puerto de Santa María presentaba el aspecto de una ciudad deshabitada. Los pa…
Adán y Evans
(Evans por un lateral con unas cuartillas en la mano.)
Aquí me presento yo, señoras y señores y niños, s…
La suerte de Currillo
Camino adelante y por la no bien cuidada carretera que conduce desde el Puerto de Santa María a Jerez de la Frontera, marchaban tra…
La pesca milagrosa
Pedro Maclas, el patrón de la Mariposa, la barca que se mecía más gallardamente en el trozo de mar que baña la…
La muela de Currito
El ayudante de D. Sebastián Pringuezuela, eminentísimo dentista de Recalamares, abrió la puerta del espacioso sal&oacut…
Trance apurado
El tío Cachiporras, el hortelano más bruto de la villa de Chúpateesa, caminaba una tarde caballero en su burra, en dire…
Rafaelillo sin miedo
Aconteció lo que voy a relatar allá por los años de Maricastaña, cuando la pintoresca sierra cordobesa era pat…
¡Médicos, no!
Cuando despertó el muy reverendo padre Gerundio, un alegre rayo de sol besaba el obscuro suelo de su estrecha celda. Sorprendido el b…
Sonnett 43
How do I love thee? Let me count the ways.
I love thee to the depth and breadth and height
My soul can reach, when feeling out o…
Hojas secas
Fue en la soledad mística de un jardín: el viejo jardín del Luxemburgo, poblado de leyenda y de sueños rom&aac…
Tiranías
A Froilán Turcios
¿Buena viejecita, buena viejecita, siempre triste y llorosa siempre, dime, dónde murió tu hijo…
El busto de mármol
A Jacinto López
¿Mis celos? No sé en verdad cuál era el fundamento de mis celos. Tristán, el delicado pin…
La condesita del castañar
A Don Ramón María del Valle Inclán
La pequeña Susana, nueva doncella de la Condesita del Castañar, no pue…
Vendetta
A Manuel F. Cestero
Y mientras yo con asombro le escuchaba, el poeta proseguía:
Así transformado, e impregnadas del veneno de …
El último ramo
A Federico Uhrbach
Era una tarde de carnaval. La amplia calle, las aceras, los portales y los balcones rebosaban de mujeres vistosamente ata…
La cicatriz
A Udón Pérez
Se hablaba de amores.
De repente Juan, aquel viejo lobo de mar que había naufragado seis veces y que narra…
El príncipe del mar
A Francisco de Villaespesa
Aquel cuartito de Octavio era un caprichoso museo de exquisitos despojos femeniles. Allí se encontraban tr…
El rayito de sol
A Andrés Mata
Oh Silfo, dulce Silfo de los sueños, no retengas hasta después del alba a mi amada en su blando lecho, ni…
Antonieta
Cuando nuestros primeros padres fueron expulsados del Paraíso después de haber cometido el primer pecado, el diablo, a quien e…