Audiolibros LibriVox
El fantasma
Leído por Alba
Amado Nervo
Para Balbino Dávalos EL Desierto de los Leones es uno de los sitios más hermosos de la República Mexicana. Im…
El plomo en la entraña
Leído por Alba
Amado Nervo
Muchos años ha que venden por las calles ciertos pajarillos de colores, ya bengalíes, ya verdines, ya simples gorriones, ya …
Los que no quieren creer que son amados
Leído por Alba
Amado Nervo
Se hablaba de Carlos N., un cuarentón distinguido, jovial, a la sazón en París, y alguien dijo: —Vendrá en esto…
La inaccesible novia
Leído por Alba
Amado Nervo
No pasa una semana sin que, en Ginebra o en Lucerna o en Interlaken o en cualquier otra población suiza, un diario publique, indife…
Biarritz
Leído por Alba
Amado Nervo
Y ¡cómo decir el sortilegio de esta playa en que todos los lujos, todas las elegancias, todos los refinamientos, forman contr…
El automóvil de la muerte
Leído por Alba
Amado Nervo
A Enrique Díez-Canedo Los campesinos estaban indignados, con esa indignación que atropella por todo, que no mide ya…
Pax multa
Leído por Alba
Amado Nervo
Ayer, en una postal de Brujas, escribía yo a un amigo querido: «Éste es uno de los últimos refugios que quedan…
La alegría de mayo
Leído por Alba
Amado Nervo
A vosotros los que vivís en nuestros piadosos climas templados, los que nunca miráis caer las hojas sino cuando hay ya otras…
Santa Isabel
Leído por Alba
Amado Nervo
Cuando expiró, no sé quién de los presentes dijo, con cierta indiferencia semicompasiva: —Ya cesó de sufrir. Y …
La última diosa
Leído por Alba
Amado Nervo
A Alfredo Vicenti Las fuerzas interiores del planeta, en oculta labor, con escondidos movimientos, con solapadas turbulencias, ve…
Diálogos pitagóricos. La próxima encarnación
Leído por Alba
Amado Nervo
En la tarde de un domingo, a la vera de una calzada por donde corren, envueltos en polvo de oro como en una transfiguración, esbelt…
El cofre del Cid
Leído por Alba
Amado Nervo
A Lucas T. Gibbes Cuando la crisis era más terrible en Eukaria, la gran ciudad del nuevo Continente, el Rey de las Finanza…
Historia de un franco que no circulaba
Leído por Alba
Amado Nervo
El «Duque Job», de noble y pía memoria, en cuento que ya puede reputarse clásico, nos refirió la historia …
El hombre al que le dolía el pensamiento
Leído por Alba
Amado Nervo
Para Ezequiel A. Chávez Hay enfermedades extremadamente raras y terribles. Una de ellas es la del sueño, de que tan…
Fotografía espírita
Leído por Alba
Amado Nervo
Los espíritus tienen coqueterías de mujer; cosa que yo no hubiera creído si no me lo revelan ellos mismos, o mejor di…
Un sueño
Leído por Alba
Amado Nervo
El Rey Don Felipe El Greco y sus dos acompañantes vieron abrirse por fin una mampara, y fueron introducidos, de la antec&aa…
Amnesia
Leído por Alba
Amado Nervo
Volvimos a nuestro rinconcito campestre, a nuestra quinta llena de árboles y flores, y en el momento en que el ama ponía a C…
La prisión a la orilla del mar
Leído por Alba
Amado Nervo
A Antonio De Zayas En San Sebastián hay una cárcel a la orilla del mar. En otros muchos puertos he visto grandes pr…
Un consejo de ministros
Leído por Alba
Amado Nervo
Aquel Consejo de ministros se dedicó por entero a discutir el urgente problema de la colonización. Era preciso poblar y cul…
La navidad de la pastora
Leído por Alba
Amado Nervo
¿Conocéis sin duda el Angelus de Rosa Bonheur, esa viril pintora que quiso dejar en un cuadro, en uno solo acaso, algo de fem…