Audiolibros LibriVox
Una fantasía fúnebre
Con mortecino rayo
Baña la luna el bosque en su desmayo,
El genio de la noche al aire zumba,
La nube es fr&ia…
Las cuatro edades del mundo
Brilla en los vasos el purpúreo vino;
Los comensales en beber se animan;
Entra el cantor, y juntan su destino
Con &…
Rodrigo o la torre encantada
Rodrigo, rey de España, el más sabio de los príncipes en el arte de variar sus placeres, el menos escrupuloso en la fo…
La llave
A mi querido amigo Eduardo Palacio
I
Fue hecha de un fragmento de barretilla de hierro cortada por el martillo-tajadera a un recio go…
Un ramito de violetas
El joven ministro salió muy de mañana de su casa, como un estudiante que se escapa del aula. Era tan temprano que ni aun los p…
Testavana
I
—¡Me han robado! Me han robado toda mi fortuna, más de diez millones… ¡Socorro!
A estos gritos acudieron todos los e…
El auxiliar de la parroquia
Había una vez, en una diminuta ciudad de provincias bastante alejada de Londres, un hombrecito llamado Nathaniel Pipkin, que trabajab…
El zorzal
A mi rey del bosque cordobés le gustaba comer carne cruda, le gustaba imitar el ruido que hace un trapo cuando limpia los vidrios de…
Perlas
Como al fondo del mar baja
el buzo en busca de perlas,
la inspiración baja a veces
al fondo de mis tristezas
…
Puesta de sol
Por la calle solitaria
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silen…
Nuestras vidas son ríos
Yo tenía una sola ilusión: era un manso
pensamiento, el río que ve próximo el mar
y quisiera un inst…
Mañana de sol
Palpitan como alas de pájaros en fuga
las velas que sacude la brisa matinal,
y el aire, a flor de onda, menudamente arrug…
En el cielo
El cielo y yo quedamos frente a frente.
Y era como un tropel de informes canes
persiguiendo una fuga de titanes
las nubes …
La agonía blanca
Blanca como esta noche no he visto cosa alguna:
ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja
el cielo, un gran …
Metamorfosis
Era un cautivo beso enamorado
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de …
El león y la raposa
Estaba cojo una vez
un león viejo —no es nuevo
quien anda mucho mancebo
estar cojo a la vejez— .
Como no podí…
La mula del doctor
Tuvo un pobre una postema
(dicen que oculta en un lado)
y estaba desesperado
de ver la ignorante flema
con que el do…
El asno y el cochino
Señor Juan de Silva, escuche:
Crió un villano en su casa
un cochino y un jumento.
Al cochino regalaba
…
La aventura
Rosario echó sobre sus hombros el mantón alfombrado; luego anudóse con gracia, bajo la barbilla redonda, el pañu…
El rival
La única mujer que me ha trastornado inspirándome algo espiritual, algo dominador—dijo Tresmes evocando uno de sus recuerdos d…