Poesía
Diana y Eros
No se vio jamás, desde que los hombres tienen historia y registran por medio de aparatos precisos los fenómenos exteriores, …
De Atlántida
Lucen del Ocaso los pálidos cobres
y del mar que duerme, los blancos estaños,
y van derramando perfumes salobres
…
Mis ojos sin tus ojos
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios
y son mis manos sin las tuyas, varios
intratables …
Como tú
Así es mi vida,
piedra,
como tú; como tú,
piedra pequeña;
como t…
Resignación
¡Sin lágrimas, sin quejas,
sin decirlas adiós, sin un sollozo!
cumplamos hasta lo último. . . la suerte
nos trajo…
Al oído de una muchacha
No quise.
No quise decirte nada.
Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.
…
Miré los muros de la patria mía
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
p…
Al oído del lector
No fue pasión aquello,
fue una ternura vaga
lo que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches páli…
La mula del doctor
Apeóse un médico a hablar
a otro médico
a la puerta de un enfermo
que él venía a visita…
El beso
A Ismael de Arciniegas
Un día el viejo monarca de los gnomos me dijo:
–Pagado estás, oh poeta, del carmín que bulle en …
Elogio De La Vida Campestre
El autor es Horacio. Quinto Horacio Flaco (en latín Quintus Horatius Flaccus) (Venusia, hoy Venosia Apulia, 8 de diciembre del 65 adC…
Oh dulces prendas por mi mal halladas
Por ásperos caminos he llegado
a parte que de miedo no me muevo,
y si a mudarme a dar un paso pruebo,
allí p…
Atrás la flaca
Al viento se encomienda, al mar se entrega,
conjura un áspid, ablandar procura
con tiernos ruegos una peña dur…
Soneto moral
No tienes ya del tiempo malogrado
en el prolijo afán de tus pasiones,
sino una sombra, envuelta en confusiones,
que…
El príncipe Ruy
El caballero Ruy, príncipe taciturno del castillo, iba por el bosque. De los cielos bajaba la alegre luz, como una bendición …
Luz
¿Adónde el alma incierta
pretende el vuelo remontar ahora?
¿Qué rumor de otra vida la de…
Cese señora el duelo
Cese, señora, el duelo en vuestro canto,
¿Qué fuera nuestra vida sin enojos?
¡Vivir es …
Aquella tarde
Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.
Me dij…
Poema III
Sólo la sed
El silencio
Ningún encuentro.
Cuídate de mí, amor mío
Cuídate …
A una nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase …