Ficción Histórica
El Cristo De La Calavera
"El rey de Castilla marchaba a la guerra de moros, y para combatir con los enemigos de la religión había apelado en son d…
Las justicias de Cirilo
Era su señoría don Cirilo Sorogastúa, subdelegado de Chachapoyas, todo lo que se entiende por una autoridad sui generi…
El nuevo maestro
Nuestra pequeña escuela ha cambiado mucho desde la marcha del señor Hamel. Cuando él estaba aquí teníamos…
La extraña muerte de Fray Pedro
I
Visitando el convento de una ciudad española, no ha mucho tiempo, el amable religioso que nos servía de cicerone, al pasar p…
Facundo
Traspuestas las penurias del viaje, cayó al campamento una noche de invierno agudo.
Era un inconsciente de veinte años, proy…
La Nochebuena de Encarnación Mendoza
Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos, raz&o…
La estéril
Aunque las tupidas cortinas, como centinelas vigilantes, cerraban el paso al frío; aunque las lámparas ardían claras y …
El beso
2
En la época a que se remonta la relación de esta historia, tan verídica como extraordinaria,, lo mismo que al present…
Un héroe
Todas las noches, apenas terminábamos de cenar, nos agrupábamos en derredor de la lumbre para escuchar los interesantes relat…
El collar
Era una de esas lindas y deliciosas criaturas nacidas como por un error del Destino en una familia de empleados. No tenía dote,…
La ganadera
No podía el cura de Penalouca dormir tranquilo; le atormentaba no saber si cumplía su misión de párroco y de cri…
La trama de la vida
El visir Alí-ben-Hassán, primer ministro de Amgiad, el gran califa, se paseaba un día por los alrededores de Bagdad. D…
Calixto Garmendia
—Déjame contarte —le pidió un hombre llamado Remigio Garmendia a otro llamado Anselmo, levantando la cara—. Todos estos d&iacu…
La tortura por la esperanza
A Monsieur Édouard Nieter
Oh, una voz, una voz, para gritar!
Edgar Poe: El pozo y el péndulo
Al atardecer, el venerable Pedro …
El niño espía
Se llamaba Stenne, el pequeño Stenne. Era un niño de París, débil, paliducho, que lo mismo podía tener di…
El esfuerzo mal pagado
El capitán Moncada, que se hallaba con su regimiento de caballería de guarnición en una vieja ciudad castellana, rec…
Como flor de almendro
Ansiosa, acodada sobre la barandilla de popa,
fijaba con insistencia los ojos en el horizonte, como si quisiera dar fuerza a sus pupi…
Muchacha de otra parte
Cuando me contestó que no era de acá, yo pensé, sin demasiada imaginación, que estaba hablando de Buenos Aires.…
Hermán y Dorotea
En las caprichosas espirales que formaba el polvo del camino en la vaga extensión del espacio, en donde quiera que fijaba sus ojos v…
La dama blanca
I
Tiene la humanidad ocurrencias extraordinarias, caprichos verdaderamente raros, excentricidades artísticas, cuya explicació…