Ficción Gótica
El del espejo
Así como las mujeres se sonríen a través del espejo, Gabriel había caído, yo no sé cómo, e…
Una noche de verano
El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siemp…
El miserere
Hace algunos meses que visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su ab…
La dama blanca
I
Tiene la humanidad ocurrencias extraordinarias, caprichos verdaderamente raros, excentricidades artísticas, cuya explicació…
Las lavanderas nocturnas
He aquí, en mi opinión, la más siniestra de las visiones del miedo. Es también la más difundida pues cre…
El hombre que ríe
Señor doctor, yo soy Tony Garnier, el famoso clown Tony Garnier, que poseí el raro secreto de la risa. Yo soy el hombre que r&…
El ciego
La tarde del 24 de diciembre le sorprendió en despoblado, a caballo y con anuncios de tormenta. Era la hora en que, en invierno, de r…
Ella
Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con viole…
La madre loca
Un día que visitaba yo un manicomio, el médico que me acompañaba me dijo:
- Le voy a enseñar una celda donde un…
El fantasma provechoso
Un caballero rural tenía una vieja casa que era todo lo que quedaba de un antiguo monasterio o convento derruido, y resolvió d…
La casa del lago
Paseándome sobre el lago de Ginebra vi, al pasar por delante de un viejo castillo abandonado, el terror impreso en el rostro de mi b…
El cuento de la vieja niñera
Me acuerdo que una vez mi niña quiso que Dorotea fuera con nosotras a decirnos quiénes eran todos, pues todos eran retratos …
Las rayas
...-"En resumen, yo creo que las palabras valen tanto, materialmente, como la propia cosa significada, y son capaces de crearla…
La sima
El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los &ua…
El rey de la máscara
El cura de San Rosendo de Gondar, un viejo magro y astuto, de perfil monástico y ojos enfoscados y parduscos como de alimaña m…
La historia de un hombre supersticioso
“Hubo algo muy extraño acerca de la muerte de William, ¡muy extraño de veras!” suspiró con melancolía un h…
El caballo muerto
Sentían que llevaban corazones bordados de nervaduras como las hojas, todas iguales y sin embargo distintas en las láminas de…
Tiempo de ánimas
No cuento ni conseja, sino historia.
La costa de L*** es temible para los navegantes. No hay abra, no hay ensenada en que puedan guarecerse.…
La extraña muerte de Fray Pedro
I
Visitando el convento de una ciudad española, no ha mucho tiempo, el amable religioso que nos servía de cicerone, al pasar p…
La tempestad
«Voy con María. Espéranos. --Octavio».
Octavio R..., el escritor neurótico de palabra helada, eras m…